Regresó del médico más temprano que de costumbre y las noticias no podían ser peores, aunque ya su cuerpo se lo venía advirtiendo desde hacía días. Le habían hecho pruebas y los resultados eran que el cáncer que lo consumía se había extendido imparablemente, ya habitaba en los pulmones y al parecer en el cerebro a donde se había trasladado desde su sitio original en la próstata después de varios años de tratamiento y la única opción que le podían ofrecer, además de nuevas investigaciones, era un tratamiento paliativo para aliviar los dolores y ayudarlo a bien morir. Los continuos dolores de cabeza, las dificultades para articular palabras en ocasiones o la disminución de las fuerzas eran preludio de lo que se instalaría en breve en su organismo junto con la falta de aire y los dolores en los huesos que ya venía presentando y con los que, tras grandes esfuerzos, se había adaptado a convivir.
Había luchado con todas sus fuerzas durante los últimos tiempos para sobrevivir y poder cuidar de su amada, que yacía en la cama de aquella habitación desde hacía casi cinco años sin poder moverse y perdida en las tinieblas de la demencia y la vida casi vegetativa después de más de medio siglo de verdadero amor.
"Buenos días cariño" dijo al entrar al cuarto, como si ella pudiera oírle y la besó en la frente. "Ya he regresado, el médico dice que todo va bien" mintió como habría hecho si ella estuviera consciente. "Me cambio de ropa y enseguida te preparo el baño y el desayuno" agregó y siguió dándole noticias del mundo al que ella había pertenecido mientras se quitaba la camisa y los pantalones.
"Corté para ti unas rosas del jardín, ya las pongo en agua...he traído tus medicinas y más vendas para las escaras, verás que muy pronto estarán cerradas...vi a Cleta en la farmacia y me preguntó por ti, te manda saludos...si vieras que caro está todo, pronto no se podrá ni comer...la trabajadora social dice que no tienen gente que venga a ayudarme un poco en la casa, pero no te preocupes, yo aún puedo arreglármelas solo, aunque tardaré un poco más...voy a abrir las ventanas para que se ventile un poco la habitación y te pondré un poco de música, que debes estar aburrida después de estas horas en que he tenido que dejarte sola". Terminó de ponerse el pijama y las pantuflas, abrió la ventana por la que entró el tibio sol de la mañana y antes de salir del dormitorio encendió la radio.
Se dirigió a la cocina, colocó las rosas en un búcaro con agua y encendió las tres hornillas, puso la cafetera en una, a tibiar la leche en otra y a calentar una olla de agua en la tercera para darle su baño diario de media mañana y fue al baño a buscar las toallas, el gel, la esponja y las palanganas que solía usar en esta, su tarea diaria de todas las mañanas desde hacía años. Lo llevó todo al cuarto y siempre dirigiéndose a ella, mientras acomodaba todo en una mesita dijo "Ayer olvidé decirte que como nuestro hijo cumplía años de muerto estuve en el cementerio a ponerle flores, lo siento, ya se me olvidan las cosas, pero por eso mismo he recordado que mañana es nuestro cincuenta aniversario y prefiero decírtelo hoy, no sea que también se me olvide con todo lo que tengo en la cabeza...te he cortado unas rosas de tu rosal, aunque creo que ya te lo había dicho, están muy lindas, son unos príncipes negros, espera, ya las traigo" y volvió a la cocina, donde la cafetera ya empezaba a sonar indicando que pronto estaría terminado, apagó la hornilla de la leche, sacó de la vitrina una taza pequeña para su café y una grande para ponerle su desayuno, antes de regresar al dormitorio con las rosas.
"¿Verdad que están lindas?" dijo mientras bebía su café sentado a su lado como cada día antes de bañarla y darle su desayuno, y como cada día, después de apagar la radio puso en la grabadora un cassette de Antonio Machín que a ella le gustaba mucho. "Hoy hace buen tiempo, hay un solecito agradable, como a ti te gusta para pasear o trabajar en el jardín...el café me ha quedado rico, ya verás que sabroso estará tu café con leche...ya regresaron las golondrinas y están por todas partes...algo tendré que hacer con este dolor de cabeza, pero no te preocupes, dice el médico que es de la artrosis".
Se puso de pie y fue a la cocina para regresar con un cubo, después de verter en él la olla de agua hirviente y luego otra de agua fría hasta que estuvo de su gusto. Se detuvo por la falta de aire y reinició la marcha a duras penas. Entrejuntó la ventana y comenzó a desnudarla lentamente, descubriendo cada parte de su cuerpo mientras la miraba como todos los días para descubrir nuevas huellas del estrago de los tiempos y le hablaba en voz baja.
Cuando estuvo completamente desnuda, le puso debajo un plástico y la movió para comenzar su tarea, soportando la asfixia que los esfuerzos le producían. Tomó un algodón empapado en agua y lo pasó por los labios y luego por las encías desdentadas y lo tiró. Mojó la esponja en agua tibia y empezó a pasarla por su cara delicadamente, "¿Está buena el agua?" dijo, y limpió su frente y sus ojos evitando que cayera gel en ellos y después empezó a lavar su pelo. "Estamos viejos, tienes el pelo completamente blanco y yo ni se diga" agregó en lo que frotaba su cráneo con el champú antes de aclararlo. Después comenzó a enjabonar su pecho, pasando la esponja por las axilas, los senos fláccidos y el vientre y como siempre eliminando el gel y secándola para que no sintiera frío antes de continuar en otro sitio. Pasó la esponja por el bajo vientre y llegó al sexo que tanto placer le dio en otra vida y siguió pasándola por los muslos y piernas hasta llegar a los pies. "Ya la parte de alante casi está, ahora vamos a la espalda mi amor, ya casi terminamos" dijo, dándole la vuelta para descubrir como las escaras de las nalgas y los tobillos parecían estar peor. "Uyyy, ¡que mejor está esto!, las de las nalgas están cerrando y las de los tobillos casi ni se ven, pronto estarás bien mi cielo", mintió como cada día, mientras frotaba sus espaldas y restregaba las úlceras para eliminar toda la suciedad acumulada en ellas. "A ver ese culete lindo" le dijo pasando la esponja con el gel antes de derramar agua tibia para quitarlo.
Terminó de lavarla y comenzó a secarla suavemente evitando cualquier deslizamiento de su frágil piel. "Oye que linda esa canción" le dijo, "ahora voy a curarte, pronto ya no hará falta, estás casi bien" y comenzó a aplicarle las tinturas que el médico le había recomendado y que él estaba convencido que ya no servían para nada, le introdujo gasas empapadas en aquellas úlceras en que pronto cabría un puño de niño y luego puso las vendas y finalmente el pañal que ajustó a su cintura. "Estas bragas te quedan mejor que las que llevabas en nuestra luna de miel" bromeó como cada día "sólo que yo antes no te las ponía sino que te las quitaba". Aplicó un poco de colonia en su cara y su cuello y la besó "Ya estás lista, ahora traigo tu desayuno".
Le fue dando el café con leche con una cuchara, dejando caer pequeñas cantidades en su boca cada vez para evitar que se ahogara hasta que mucho rato después no quedó nada en la taza. "¿Verdad que está rico?" preguntó mientras limpiaba sus labios antes de ir a la cocina. Buscó una taza de café para él, abrió la ventana, se sentó de nuevo a su lado a descansar y volvió a reiniciar el cassette y su eterno monólogo.
"¿Recuerdas esa canción? Es Toda una vida, te gustaba mucho y a mi me sigue gustando tanto como antes...Por cierto, tengo que comentarte algo, no todo lo que te dicho es cierto, el médico dice que estoy peor y pronto no podré atenderte...Perdóname mi cielo, pero no quería preocuparte...Yo no tengo miedo por mí, sino por tí, para mí será una salida, pero ¿que va a ser de tí?, ¿Quién te cuidará? ¿Donde irás a parar?...No, no estoy llorando, son los recuerdos de esas canciones, sabes como soy de emocionable...Si tuviéramos alguien en quien yo pudiera confiar podría morirme tranquilo de saber que cuidarían de ti, pero no es así...Sabes que nunca he podido querer a nadie más que a ti, creo que te he querido más que a mi madre o a nuestro hijo, por eso estoy tan preocupado por lo que pasará...Se que pensábamos que no llegaríamos a esta situación y yo no le he pedido a Dios otra cosa que un poco de salud para poder atenderte, pero ya ves, las cosas no han salido bien...Yo he sido feliz de poder dedicarte estos años, qué menos podía hacer con quien también me hizo tan feliz, pero ya no tengo fuerzas...Si, estoy preocupado, perdóname mi vida, es que tengo miedo de tu futuro...¿Recuerdas como nos fugamos para evitar la oposición de tus padres?, ya ni me acuerdo como logré convencerte, pero seguro que fui convincente...¡Qué lindo era nuestro niño! Tenía tus mismos ojos y tu carácter, si estuviera con nosotros no tendría preocupaciones, pero la vida es así...Esa se llama Cada noche un amor, ¿es linda verdad?, tu has sido mi amor de cada noche desde que te conocí y tú lo sabes bien...Ah, el médico dice que tengo que ingresar en el hospital y no se qué hacer, porque estoy seguro que si entro ya no saldré y los dos lo sabemos, que no puedo vivir sin ti, ni tú sin mí... Si, ahora si estoy llorando, mi vida, tengo que tomar una decisión y me duele hacerlo, se que tú estarás de acuerdo con ella y me lo agradecerás. Perdoname si te hago daño, mi cielo".
Se levantó despacio, acarició su cabeza, la besó tiernamente, tomó la almohada y asfixiándose, la apretó con todas sus fuerzas contra la cara de su amada, repitiendo "Perdón, perdón, perdón" mientras en la grabadora se escuchaba "Espérame en el cielo".
miércoles, 20 de diciembre de 2006
Esperame en el cielo
Publicado por Mu.Gro.Zho en 12:09
Etiquetas: Relato de un triste fumador
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1 Comment:
we ke pedo kon esa historia piratona... (o no entendi/??)
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